Así incentivan la lectura las bibliotecas ambulantes

14/08/2012 | Publicado en: Noticias del Sector
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Son servicios de préstamo de libros que se desplazan hasta las localidades más apartadas del país. Hay 53 moviéndose por todo Chile.

Por Cristian González Farfán

Los libros reemplazan a los pasajeros en las bibliotecas ambulantes, aquellos servicios que promueven la lectura en las localidades más aisladas de Chile.

Hace rato que los llamados bibliomóviles -camiones, camionetas, buses- son un aporte para las comunidades con poco acceso a la información. Cada cierto tiempo, recorren largas distancias para satisfacer la necesidad cultural de quienes los esperan con ansias.

Ya se han articulado como red y ayer culminó en Santiago el primer encuentro oficial de bibliomovileros, organizado por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

Los bibliomóviles prestan los libros que la gente les pide y, luego de un tiempo, los retiran en el mismo lugar. De los 53 servicios que operan en Chile, hay cuatro que dependen de la Dibam (“dibamóviles”) y el resto se sustenta a través de proyectos concursables de las bibliotecas públicas de cada sector o bien son creados por fundaciones o particulares.

“En Puerto Octay, el bibliomóvil recorre tres horas para llegar a una escuela de un alumno. Se pasa también por poblaciones, ferias libres, hospitales y cárceles. Tú no te imaginas lo que es una biblioteca andante entre los presos. Lautaro es un caso bien particular, porque en sus comunidades no hay escuelas, entonces la biblioteca llega hasta las postas rurales. Entonces, el médico escribía en la receta a los pacientes que el bibliobús venía tal día. Y los lugareños dejaban una lista de sus preferencias en la posta. Desde un libro para plantar ajo hasta un Condorito”, cuenta Aylin Fuentes, encargada de Fomento Lector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de la Dibam.

En Aysén vive el decano de los bibliomóviles

Alfredo Fica es el bibliomovilero más antiguo de Chile. Partió en 1995 y jamás ha detenido su marcha. Este coyhaiquino se mueve por toda la Región de Aysén entregando su servicio a los niños de las escuelas rurales.

Tiene un stock de 3.500 libros, la mayoría de ellos de “historia, cuentos, ensayos y pinturas de autores patagones. También textos relacionados con HidroAysén y lo que emanó del Movimiento Social de la región”, cuenta Fica, quien ha tenido que lidiar con las condiciones inhóspitas del paisaje austral.

Presta los libros por quince días y luego los pasa a buscar. “Si a uno de los niños les gustó el libro, se le renueva”, explica.

Ha llegado hasta localidades tan apartadas como el sector Arroyo el Gato, cuya escuela rural unidocente “hoy cuenta con trece alumnos y son todos internos. Los papás llegan a buscarlos a caballo los domingos”.

Para Fica es “un orgullo ser de origen campesino y trabajar con tu propia gente”. Su trabajo ha unido generaciones. “Había niños de séptimo que yo atendía y que hoy son jóvenes de 28 y 29 años. Y ahora los hijos de ellos también asisten al bibliomóvil”.

Ovalle, del periodismo al bibliomóvil

Rodrigo Araya, en su rol de periodista de un medio local, entrevistaba al antiguo bibliomovilero que recorría la Región de Coquimbo. El 2002 ingresó a este rubro y dejó el trabajo reporteril de lado. “Llevo más años en esto que como periodista”, cuenta.

Araya trabaja en su sede de Ovalle, y desde allí ha surcado los rincones más escondidos de la región a bordo de “dibamóvil”, uno de los cuatro vehículos que dependen directamente de la Dibam.

Cada 28 días, Araya inicia su recorrido para entregar y retirar los libros que deja prestados. Y no sólo eso. Cuenta con un espacio para instalar un televisor y difundir material audiovisual. Siempre está acompañado por un chofer, que lleva un par de años más que él en esta aventura.

Ha pasado por lugares más bien anónimos como Pichasca, Sotaquí y Cerrillos de Tamaya. En esa localidad vivió una anécdota ligada al conductor del vehículo.

“Una vez un carabinero saludó a mi compañero con mucho afecto y le preguntó si se acordaba de él. El chofer dijo que no. El carabinero había estudiado en la escuela rural de Ovalle y estaba en séptimo cuando el dibamóvil pasaba por ahí. Y uno de los monitores era mi compañero de ruta”.

Crece el amor por la lectura en Nacimiento

“En 1995 empezó a disminuir el amor por la lectura en la localidad donde vivo. Trabajaba en la biblioteca pública y me mandaban a mí con cajas y bolsas de libros golpeando puertas en las poblaciones. Hasta que el 2000 gestionamos un proyecto concursable y nos ganamos una camioneta. Así empezó todo esto”, relata Orietta Terán, encargada del bibliomóvil de Nacimiento.

Con esta Mitsubishi empezó a entregar libros en 18 sectores rurales de la comuna que contaban con escuelas. “Sus bibliotecas tenían pocos libros. La idea era llevar libros con harto colorido para que se atrevieran a leerlos”, relata Terán.

Entre los textos abundan los de Isabel Allende y Marta Brunet, y también mucha literatura infantil. No obstante, Terán empezó a mezclar estos contenidos con otros, dirigidos a los apoderados. “El 2000 nos ganamos otro proyecto con el que pudimos adquirir un stock de libros. Y ahí escogimos temas relacionados con la poda, plantación de cerezas, invernaderos. Y tuvimos mucha aceptación”, dice.

“Antes dábamos tres libros por niño, ahora son cinco y cada vez piden más”, asegura Terán. Claro que a veces algunos apoderados se quedan con algunos libros. Con los niños nunca ha pasado eso.

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